VIAJE A LA ANTÁRTIDA EN EL VELERO CÚTER “MAGO DEL SUR”

Amarrados en Dorian Bay, calando 1,0 m con la quilla izada, cerca de Port Lockroy, Canal Neumayer,

Autor: Lic. Horacio Ezcurra

INTRODUCCIÓN

El dueño del “Mago del Sur”, Alejandro “Mono” Damilano, me invitó a acompañarlo en un viaje comercial a la Antártida, en Febrero de 2008, llevando un grupo de tripulantes – turistas que pagaban por su lugar a bordo. El barco era de mi diseño, hecho unos pocos años antes.

Sentí que era la gran oportunidad para probar este barco en condiciones extremas, y acepté encantado, muy agradecido.

Al “Mago del Sur” lo habíamos diseñado con la colaboración del entonces estudiante de arquitectura naval Lauro Minuet, y de mi hijo Horacio, quien me ayudó a poner en marcha un nuevo programa digital para diseño. Fue pensado para hacer extensos viajes comerciales en zonas remotas, especialmente en el Antártico. Se construyó en el Astillero Acenav, Valdiva, Chile con una excelente calidad. Todo su casco, cubierta y apéndices son de acero naval bastante reforzado. El barco puede acceder a lugares especiales, con pasos rocosos o barras arenosas de muy poca profundidad. Su quillote es retráctil y pivotante, y contiene todo el lastre de plomo, lo que le permite navegar en aguas protegidas, con la quilla totalmente izada, y a máquina, con un calado de sólo 1,0 m. En el modo oceánico, con la quilla abajo, el calado es de 4,05 m, y tiene un alcance de estabilidad de 130º, lo que lo hace seguro y estable en el océano austral en las condiciones más extremas, y le da una buena performance general a vela. A popa tiene dos timones, cortos y semi –compensados, muy fuertes, que sirven de apoyo en popa para poder varar, y quedar en seco con marea baja, sin tumbarse, para encarar alguna reparación de emergencia bajo el plano de flotación.

El interior, aislado y seco, tiene calefacción las 24 horas en zonas frías mediante una estufa Reflexs, danesa, de diesel oil, con radiadores de agua. El barco se puede gobernar con timón de caña desde cubierta, o desde el interior de su amplia timonera estanca, con su timón de rueda.

Navegando a vela en aguas abiertas el barco se puede auto timonear, con un timón de viento, que usa una veleta orientable que guía un servo mecanismo que fue diseñado, por mi hermano Pablo y yo, en base a nuestra experiencia de muchos años con servo – timones de este tipo. Fue construido por Pablo con tubos de acero inoxidable y espada de madera de lapacho. Es extremadamente simple y fácil de mantener. Todas las piezas que se desgastan con el movimiento, como bujes y ejes, pueden ser renovadas fácilmente en puerto con media hora de trabajo. Y gobierna a esta noble bestia de más de 20 toneladas en forma dócil y recta, aún en las condiciones más difíciles de vientos de popa. Lo pude probar extensamente en este viaje.

EL VIAJE A LA ANTÁRTIDA

Fue un viaje muy atípico y una experiencia única, extraordinaria. Éramos 8 personas a bordo, de varias nacionalidades. El patrón y dueño del barco, Mono, su pareja Susana, y yo, su invitado, éramos argentinos. Más cinco tripulantes que pagaban por el viaje: el argentino tandilense Horacio, los españoles Eloísa y Juan Carlos, el hindú Ajai, y el soviético Yuri. Juan Carlos era fotógrafo, y tanto él como y Eloisa querían conocer la Antártida. Ajai era un empresario, periodista y escritor hindú, con emprendimientos en India, Rusia y Europa. Yuri era su amigo de Rusia.

Zarpamos de Ushuaia a principios de Febrero. Navegamos el Canal de Beagle, y luego, rumbo al Sur, cruzamos el temible pasaje de Drake, a vela pura, una parte del tiempo con paño reducido. En general el Drake nos trató bastante bien a la ida, con vientos francos. Al llegar a las Islas Shetland, ya cruzado el Drake y cerca de la Península Antártica, entramos a Puerto Foster, una gran bahía que hay dentro de la Isla Decepción, que en realidad es el cráter de un antiguo volcán. Luego de recalar en Decepción, una vez cruzado el Drake, la navegación se hace costera, entre islas. Esta es la parte maravillosa de la Antártida, entre islas y canales, glaciares que desprenden enormes témpanos, que quedan varados haciendo a veces difícil reconocer la costa. Son notables los restos de las estaciones de los balleneros, en general noruegos, que cazaban mayormente ballenas Jubartas (humpback whales) en estas aguas, entre los hielos, desde 1903 hasta que las ballenas eran tan pocas que dejó de ser rentable su caza, cerca de los años 40. En casi todas las caletas protegidas entre las islas, hay restos de la presencia ballenera, como botes de madera averiados y toneles abandonados, algún casco a pique, cadenas para amarre, y cementerios de huesos de ballena. Varias veces vimos jubartas. ¡Son un espectáculo maravilloso!

El lomo de una Jubarta, asomando entre los hielos, después de haber “soplado”
Una foca de Weddel, con su pelaje gris ceniza manchado, y cara de bonachona

 

 

 

 

 

 

Amarrados en Dorian Bay, calando 1,0 m con la quilla izada,
cerca de Port Lockroy, Canal Neumayer,

 

En Dorian Bay, una bahía donde amarramos a las rocas de la costa, tuve oportunidad de trepar por la nieve dura hasta arriba de un glaciar. Andaba con cuidado, y no me acerqué a los bordes donde se desploma el hielo. Pero caminado tranquilamente, de golpe me hundí en la nieve en una grieta que no era visible, por suerte chica. Me hundí hasta las axilas y salí fácilmente, pero quedé aterrorizado, y volví abajo sobre mis huellas, decidido a no subir nunca más sin equipo de seguridad, sogas y piolet (pico de escalador).

 

 

Lo más al sur que llegamos fue Port Lockroy, una antigua base inglesa de los años 50.

La restaurada base inglesa de Port Lockroy
Funciona como museo antártico privado y
comercio de libros y mapas

Latitud 64º 49’ Sur. Actualmente ha sido restaurada a su condición original por una fundación privada, el “Antarctic Heritage Trust”, que la mantiene como museo, con un escocés y dos chicas británicas que pasan el verano allí, trabajando duro en el mantenimiento y atendiendo a los visitantes. La antigua casa de generadores es hoy un negocio de libros, mapas y souvenirs que compran los visitantes de los buques de turismo, que pasan por allí en cantidades durante el verano. Cada barco les deja del orden de US$ 5.000 ¡y son bastante más que cien de barcos cada temporada! Es un concepto moderno e inteligente, poco oneroso al Estado, 100 % privado, para mantener una presencia cultural e histórica, atractiva para el resto del mundo.

 

Estando en Port Lockroy el hindú Ajai y el ruso Yuri, plantearon que no querían seguir con el viaje y pidieron desembarcar. Se habían mareado mucho durante el cruce del Drake, y no se adaptaron a los modos, a veces un tanto bruscos de nuestro experto capitán del “Mago del Sur”. Imposible desembarcarlos allí. El escocés, jefe de la base, se negó terminantemente. Fue imposible convencerlos que regresasen a Ushuaia con nosotros. Lo cual nos obligó a salirnos de lo programado, navegar 200 millas para llegar a la base chilena Frei, en la Isla Rey Jorge (o 25 de Mayo en las cartas argentinas), en la Bahía Fildes (o Guardia Nacional en las cartas argentinas). Esta base tiene aviones de pasajeros a Punta Arenas con alguna frecuencia. En esas aguas, en la Antártida insular, es peligroso navegar sin luz. Colisionar de noche con un gruñón de hielo denso, de 500 o más kilos de masa, que se disimula con los “corderitos” de las olas, con viento de más de 18 nudos, es un riesgo grande. De modo que durante la corta noche estival antártica tuvimos que fondear en alguna bahía o caleta libre de hielo.

Nos llevó tres días de navegación diurna llegar a la base Frei. Una de las noches al ancla la pasamos en la Bahía Telephone, en una pequeña y bella caleta, muy protegida, en el fondo de Puerto Foster Isla Decepción.

Al llegar a la Base Chilena Frei nos presentamos a las autoridades y les explicamos la situación. Tenían lugares en un avión a Punta Arenas en unos pocos días, de modo que Ajai y Yuri desembarcaron y se alojaron en un hospedaje para turismo en la base. Los pude acompañar y ayudar con los trámites ante la Capitanía Chilena, y luego despedirlos.

¡He seguido en contacto con Ajai hasta el presente!

La capilla ortodoxa “La Trinidad”
En la base rusa Bellinghausen, próxima a la chilena Frei

Al lado de la Base Frei está la Base Soviética Bellinghausen.

Fue un placer visitarla, especialmente su Capilla Ortodoxa “La Trinidad”, construida en forma tradicional con troncos de pino, como en la Rusia de los zares. ¡Al entrar se siente el olor a pino!

En la misma bahía también está la Base Uruguaya Artigas, y la Base China Gran Muralla. Pero no tuvimos tiempo de visitarlas.

De allí navegamos hasta la cercana Caleta Potter donde estaba ubicada la base argentina Jubany (actualmente se llama Base Carlini).

Bajamos a tierra, y en la cámara de la base tuve un emotivo e imprevisto encuentro con Oscar González, un antiguo y querido compañero de trabajo oceanográfico antártico, en nuestra juventud.

Debido a un pronóstico de temporal decidimos quedarnos al ancla en Caleta Potter frente a la base Jubany. Fondeamos con dos anclas en previsión a un aumento del viento, el cual efectivamente ocurrió luego del amanecer del 1° Marzo de 2008.

El viento aumentó rápidamente a 50 o 60 nudos del NW y nos empujó hacia la costa. Las

El Mago al ancla con cabos largos de la popa a las rocas de la costa y con la quilla izada calando 0,95 m
El tempanito está varado en agua más profunda y no puede dañar al barco

anclas garrearon sin tiempo de aviso y tuvimos que sacar el barco de la rompiente, entre escombros de hielo. Salvamos el barco gracias a la quilla retráctil, que varó con violencia con 4,05 m de calado, pero subió con los golpes hasta aproximadamente 2,0 m, sostenida por su mecanismo de “cricket” que le permite subir pero no bajar. Eso nos permitió maniobrar con el motor todavía frío, pidiéndole toda la potencia que tenía, picar y perder el ancla de cepo con parte de su línea de fondeo de cabo de nylon de 25 mm, levantar la otra, una CQR, con el cabrestante y su cadena, y zafar de terminar sobre la costa por poco margen, entre rompientes y rociones furiosos de agua salada arrastrada por el viento huracanado…

 

Luego nos fuimos a la costa opuesta de la bahía, al reparo de una pared de hielo, donde quedamos a la capa, a máquina, por dos horas, recuperándonos del frío y el estado de caos, hasta que calmó algo y fondeamos de nuevo a 300 m de los glaciares. Durante la mañana, se produjeron en el paredón del glaciar varios desprendimientos de hielo, cuyas olas hamacaron al barco con un rolido de 15º, muy suave, casi amistoso, en comparación con la furia del temporal que casi nos lleva sobre la costa de Jubany.

Luego de cargar agua dulce con el bote y bidones en una vertiente cerca del glaciar emprendimos el regreso a Ushuaia a través del temible Pasaje Drake.

Tomás (19 años), el hijo de Horacio, nos hizo un excelente apoyo meteorológico a medida, desde su casa en Tandil, usando datos de modelos meteorológicos globales de vientos de la NOAA, de acceso público en Internet.

Ese apoyo nos dio seguridad y tranquilidad, especialmente durante el duro viaje de regreso a Ushuaia a través del Drake. Nos pasaba por radio diariamente a 1900 su certero pronóstico a 5 días para nuestra área, desde la estación de radio – aficionado BLU de su casa.

Tomás, no tenía una educación formal en ciencias, pero sí tenía constancia e intuición hacia los vientos, desarrollada en parte volando en planeadores con su padre, a veces subiendo varios miles de metros en vuelos en “onda de montaña”.

El regreso, luego de dejar a Ajai y a Yuri en Frei, y soportar el temporal en Jubany, fue particularmente duro. Navegamos 500 millas con viento de proa, para volver a Ushuaia cruzando el Drake. El apoyo meteorológico de Tomás, con sus pronósticos, fue muy tranquilizante. Los eventos se cumplían dentro de las 2 horas de pronosticados.

¡Creo que por más guapo que sea el barco, y dura la gente, nadie quiere estar en el medio del Drake cuando pasan esas terribles bajas con temporales de 70 nudos de viento!

Cruzando el Pasaje Drake
45 nudos de viento y olas de 4,50 m

No obstante, no pudimos evitar algo más de un día entero con 45 nudos de viento del NW, es decir de proa, en medio del Drake, con 3 rizos y sólo el 30% de la trinquetilla abierta de su enrollador. Olas de 4,50 m. El barco muy guapo, navegando contra viento y olas, a 5,5 o 6 nudos. Pero muy incómodo, casi penoso. Imposible dormir por los golpes y sacudones contra ese mar gris y hostil. De comer… ¡Ni hablar! Mi histórico mareo, bastante bajo control a la vejez. ¡Nunca me volteó del todo, pero corrí a la borda varias veces ! ¡Regresé a casa bastante más flaco! Pero las incomodidades del mal tiempo se justifican todas, con sólo ver un rato al magnífico albatros errante, con sus 2,50 m de envergadura, volando durante días en esos vientos, sobre las enormes olas, en planeo, sin mover las alas y usando la energía del viento asociada a las olas. ¡Fue imposible fotografiarlo, todo se movía y mojaba demasiado!

¡Este viaje fue una experiencia extraordinaria tanto desde el diseño náutico como de la convivencia humana!

La Antártida de los canales, el Gerlache, el Neumayer, con sus islas, sus bahías protegidas, muchas con restos de antigua presencia de factorías de verano de ballenas, fauna por doquier incluyendo orcas, ballenas, focas y aves maravillosas, glaciares enormes, con desprendimientos frecuentes, témpanos, mar azul, y montañas, bien valieron los padecimientos del mal tiempo, y el estrés grupal…

¡¡¡Mi agradecimiento eterno al “Mono”, por haberme invitado…!!!

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