Turismo Náutico: Algunas definiciones y ejemplos de otros países

ALGUNAS DEFINICIONES

En este número comenzamos una serie de artículos que tienem por objeto contribuir a una visión que ayude al desarrollo sostenible del Turismo Náutico en ambas márgenes del río Uruguay.

Este tipo de turismo podría generar, si se desarrollase, una saludable actividad económica y, al mismo tiempo, crear empleo en forma directa e indirecta. Adicionalmente contribuiría a promover un mayor conocimiento y proyección internacional de la región.

Las ideas aquí expresadas también podrían aplicarse a otros ríos, como el río Paraná, el río Negro y las zonas costeras del Río de la Plata.

Aplicaremos el término «turismo náutico» a varias formas de actividades turísticas en yates a vela y/o motor preparados para navegar por zonas de interés particular y que pueden proveer a los participantes (quienes serían “tripulantes” y no “pasajeros”) la experiencia única de navegar en este maravilloso río, participando de la vida a bordo y visitando sus costas, islas y poblaciones ribereñas.

El turismo náutico:

  • Brinda a sus participantes la posibilidad de contribuir a las tareas de a bordo, bajo una atención personalizada y no masiva, como en otros tipos de turismo en barcos de pasajeros.
  • Es encuadrado, en los países donde es una actividad económica significativa, como navegación de placer o con fines especiales (ciencia, deporte, cultura) y no como transporte de pasajeros ni turismo masivo.
  • Engloba navegaciones en yates, de vela y/o motor, en mares, lagos o ríos, en zonas normalmente con atractivos especiales y las personas que participan de estas navegaciones no son turistas convencionales; les interesa la navegación en sí misma y participar de las tareas y la vida a bordo. Prefieren dormir a bordo antes que en un hotel en tierra. También pueden tener algún otro interés especial, como fotografía documental de la naturaleza, periodismo, o conocimiento sobre temas locales, como flora, fauna, historia y cultura local. Incluso pueden ser deportistas no convencionales, cuyo interés es acceder a lugares especiales, hacia donde no hay acceso en medios convencionales. Por ejemplo, montañistas, remeros de kayaks, o nadadores en ambientes naturales.

Estas navegaciones pueden ser hechas de dos maneras:

  • En un barco que tenga una tripulación propia (“charter tripulado”). En general estos cruceros duran más de un día y las personas que participan en ellos cumplen claramente un rol de “tripulantes” y no de “pasajeros”. Esto es parte del atractivo… ser protagonista. Ayudan con las maniobras, aprenden navegación a vela y navegación costera, timonean el barco, se ejercitan en maniobras y pilotaje costero, conocen nuevos lugares fuera de los circuitos tradicionales de turismo, colaboran con la cocina, la limpieza, bajan a tierra en los lugares que visitan y van a los mercados locales a hacer las compras de víveres. Algunos de estos barcos, generalmente navegando en ríos, llevan bicicletas, para hacer recorridas en los lugares donde paran.

Es común ver que estos barcos tienen una tripulación permanente de sólo dos personas, muchas veces hombre y mujer, dado que cuentan con la ayuda para las maniobras de velas, amarre y fondeo, de sus tripulantes/huéspedes, que pagan para participar de esas navegaciones. Esta modalidad es común en zonas donde el patrón del barco debe tener conocimientos locales, o alguna pericia especial.

Las “clínicas a bordo” pueden ser comprendidas en esta modalidad de “charter tripulado”. Estas navegaciones son lideradas por un patrón experimentado, que lleva grupos de personas a navegar normalmente en un velero, en travesías especiales, para entrenarlos en las disciplinas propias de la navegación de vela, tanto de crucero como de regata.

Existe en el mundo un número importante y creciente de veleros de diferente tamaño y desplazamiento que reciben a bordo jóvenes para navegaciones donde el objeto es la educación, fuera de un ambiente académico y especialmente en valores tales como el trabajo en equipo, la inclusión social, la cooperación, el liderazgo, la aceptación de normas de convivencia y seguridad. Estas navegaciones pueden ser hechas de muy diversas maneras y con barcos muy diferentes. Si bien no podemos considerarlas estrictamente como «turismo», tienen mucho en común y pueden ser consideradas dentro del turismo náutico.

  • En barcos que son alquilados sin tripulación (“chárter no tripulado”) a turistas navegantes, usualmente extranjeros, con competencias como patrones de yates. En general el “chárter no tripulado” se ha desarrollado como una actividad económica importante en zonas y temporadas donde las condiciones de navegación son predecibles, sin grandes temporales ni corrientes de marea fuertes. Estas zonas en general deben tener pocas dificultades en la navegación, tales como corrientes fuertes de marea, escarceos, bancos, rocas sumergidas o condiciones riesgosas de oleajes y vientos.

Por ejemplo, es bien conocido el “chárter no tripulado” en la zona de Angra Dos Reis, Brasil, en las islas del Caribe, en muchos puertos de la Península de Florida, Estados Unidos, en Croacia, Turquía y Grecia, por citar algunos ejemplos. Se usan normalmente veleros con motor auxiliar o cruceros de motor. En éstas, y en muchas otras partes del mundo, esta actividad crece sostenidamente y llega a ser una actividad que contribuye significativamente a la economía de una región o país.

También, el “chárter no tripulado” ha adquirido un gran desarrollo en ríos, canales y ambientes fluviales de Canadá y varios países de Europa. Esta actividad, económicamente muy importante, ha crecido en los últimos años. Posiblemente su origen hayan sido los “narrow boats” de la antigua red de canales de Inglaterrao. Un buen ejemplo de este tipo de “chárter no tripulado” puede verse en el sitio de la empresa Le Boat, de origen británico, con operaciones en muchos países de Europa y Canada (https://www.leboat.es). Le Boat ofrece vacaciones en barcos de motor en ríos de Europa y Canadá y aún a personas que no tienen habilitación como patrón de yates… simplemente ofrece un curso intensivo de unas pocas horas y, si no llegasen a sentirse seguros, supervisión.

  • También podría ser incluidas en el concepto de turismo náutico las navegaciones realizadas por particulares, en su propio barco, en zonas fuera de su país de residencia. Estos navegantes llegan navegando, como visitantes, a un cierto país, o región, pero no son turistas convencionales. Normalmente viven a bordo y, necesariamente, bajan a tierra para hacer compras y, muchas veces realizar viajes turísticos. Adicionalmente, alquilan una amarra, en una marina o puerto deportivo local, y requieren servicios de mantenimiento y/o reparaciones para sus barcos y, si su viaje resultó interesante y atractivo, difunden en sus países de origen el interés por el país receptor. Uruguay es un ejemplo de ello, cientos de yates de argentinos van cada año de crucero a puertos deportivos uruguayos, la mayoría de los cuales tienen una excelente infraestructura para recibirlos.

EJEMPLOS DE OTROS PAÍSES

El caso de los “Narrow Boats” en los canales y ríos interiores de Inglaterra e Irlanda.

Posiblemente éste fue el principio del “chárter no tripulado”. Estos barcos mantienen la tradición pre – era industrial de la navegación en la red de ríos interiores y canales artificiales que se desarrolló en las islas británicas y otros países europeos, en los siglos XVIII y XIX, y que posibilitó la industrialización de Inglaterra.

Son barcazas que se usaban para

transportar cargas pesadas, como carbón, piedra para la construcción, granos, minerales y
otras cargas. Navegaban “a la sirga”, es decir eran remolcadas desde la orilla del canal por caballos de tiro, que caminaban por un “camino de sirga”. Con el advenimiento del ferrocarril y la era industrial fueron reduciendo, gradualmente, su actividad.

Desde mediados del siglo XX, varios operadores empezaron a comprar y restaurar estas barcazas, para usarlas en turismo y navegación recreativa en los antiguos canales. Los antiguos cascos, muchos de acero roblonado, fueron transformados en barcazas habitables, con comodidades para varias personas.

Hoy día existe una importante industria turística alrededor de dichos barcos que, normalmente, cuentan con un motor diésel, lento y robusto, y navegan a baja velocidad (generalmente cuatro nudos).

Estos barcos tienen muy poca manga (de ahí su nombre, “narrow boats”), a

fin de pasar por las esclusas de los canales. Son alquilados a personas, aún sin conocimientos de navegación, de cualquier nacionalidad, normalmente sin requerírseles habilitacion

es oficiales de sus países de origen. En algunos casos, quienes los alquilan reciben alguna instrucción de manejo y seguridad, antes de zarpar en un crucero por los canal

es. Adicionalmente, generan una importante actividad económica indirecta ya que, además del alquiler, las personas bajan a tierra, visitan lugares y participan de la vida de los mismos.

Las flotas de “chárter no tripulado” de Brasil, Croacia, el Mar Caribe, el Mar Egeo y muchos otros lugares del mundo

Estas flotas, que existen desde hace muchos años, son bien conocidas por muchos
argentinos que han pasado vacaciones navegando en alguno de estos sitios. La información sobre estos barcos, los precios y los requerimientos para alquilarlos son fácilmente accesibles en Internet. En estos países son una actividad económica sostenible e importante.

En general, aquellas personas que no se sientan seguras o no califiquen para despachar por sí mismas estos barcos, pueden recibir ayuda de un patrón experto que suministra, a un costo adicional, la misma empresa. Esto tiene el atractivo que las personas que navegan en estas condiciones pueden realizar un buen aprendizaje, con supervisión experta.

Veleros de “chárter tripulado” que regularmente llegan a puertos de Sudamérica

A modo de ejemplo mencionamos tres casos, que conozco personalmente y muy de cerca, que, a la vez, son representativos de un número mucho mayor y constantemente creciente:

Velero “Kotic” de bandera francesa

Su propietario, diseñador y operador, murió hace unos pocos años.

Era doctor en física atómica de la Universidad de La Sorbonne, Francia y cambió su carrera científica por una vida de navegante, en las altas latitudes del Hemisferio Sur, llevando, junto con su familia, a turistas, exploradores, deportistas extremos y científicos a la Antártida.

El “Kotic”, diseñado por él mismo, fue construido bajo su supervisión directa en un galpón

en Dois Corregos, una pequeña ciudad ubicada 230 km al NW de Sao Paulo, Brasil.

Durante muchos años tuvo una base invernal en la costa del Arroyo Las Vacas, aguas arriba y cerca de Carmelo, Uruguay. En esta base realizaba el necesario mantenimiento y amarraba en invierno, hasta el comienzo de la nueva temporada de viajes a la Antártida, en diciembre.

En Uruguay era muy bien recibido y considerado e inclusive los hijos del propietario se educaron en Montevideo.

Hay un número importante de yates veleros de bandera francesa que, como un medio de vida, hacen viajes turísticos a la Antártida todos los años. Francia alienta y facilita este tipo de actividad económica ya que dicho país tiene una visión estratégica sobre la presencia de su bandera en el Atlántico Sur y la Antártida,  estos barcos contribuyen mucho a esa presencia, sin generar costo alguno al Estado.

Ushuaia era su puerto de apoyo tradicional, pero actualmente, y cada vez más, usan el muelle de yates de Puerto Williams, sobre la Isla Navarino, Chile, en el Canal de Beagle, Tierra del Fuego y ello debido a restricciones crecientes, de diverso tipo, que han encontrado en Ushuaia y también a las buenas y amistosas condiciones locales para la logística y las reparaciones (con un nuevo equipo “Travel Lift” para sacar los barcos a tierra).

Velero “Fuga”, de bandera francesa

Diseñado en Argentina en 2007 para un navegante franco – argentino radicado en Francia.
Su casco fue magníficamente construido en aluminio por Juan (Pichín) Broeders en su taller de Quilmes (Argentina). Su puerto habitual es La Rochelle, Francia. Varias veces ha navegado por las costas de la Patagonia y Tierra del Fuego. Su especialidad son las “clínicas oceánicas”, que su dueño y capitán conduce personalmente con mucho éxito. A pesar de haber sido diseñado y construido en Argentina, para el ingreso a puertos argentinos enfrenta diversas dificultades ya que su dueño, argentino, optó por la bandera francesa (que brinda un estimulante régimen para sus actividades).

Velero “Mago del Sur”

Fue diseñado en Argentina en 1999 y construido en el año 2001, en acero, en los Astilleros Acenav, Valdivia, Chile. Desde esa época, realiza viajes comerciales a la Antártida, Tierra del Fuego, Isla de los Estados y los Canales Fueguinos Chilenos.

Su inversor, propietario y navegante es argentino.

Se trata de un barco muy atípico ya que su quilla es retráctil lo que le permite acceder a zonas de baja profundidad y navegar en 1,0 m de agua pudiendo varar y “quedar en seco” sin “tumbarse”. Esta característica le permite también bajar sensiblemente los riesgos de sufrir daños por hielo flotante, ya que puede fondear en lugares en los que los pedazos de hielo potencialmente dañinos no pueden ingresar por tener mayor calado que el barco.

Este barco podría ser el sueño de muchos exploradores y científicos. Es oceánico, seguro, confortable, muy económico y puede acceder a lugares vedados para barcos científicos convencionales, de mayor calado.

Tuve el privilegio y la satisfacción de tripularlo junto a un grupo de “tripulantes pagos”, en Febrero y Marzo de 2008, en un extenso viaje a la Península Antártica y las islas “Veinticinco de Mayo” y “Decepción”, visitando unas cuantas bases antárticas de varios países.

A fin de evitar las restrictivas condiciones del marco reglamentario argentino, su propietario lo matriculó con una bandera extranjera por lo cual a pesar de ser ciudadano argentino no puede entrar con su barco a puertos de su propio país.

Por ese motivo el barco hacía su mantenimiento anual en Piriápolis, Uruguay y durante el invierno permanecía fondeado en los Arroyo Rosario o Riachuelo, Colonia, Uruguay.

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