TRAGEDIA EN EL PLATA: EL NAUFRAGIO DEL «SALVADOR»

Autor: Francisco Valiñas

Corría el principio del siglo XIX donde ocurrirían hechos muy importantes para nuestra historia.

En Febrero de 1811 se inicia la insurrección en la Banda Oriental donde las milicias al mando de Artigas llevan adelante las principales acciones. Éste llevó a cabo el primer sitio de Montevideo junto con fuerzas bonaerenses. Pero en Julio la situación militar cambia al ingresar al territorio un gran ejército portugués para socorrer a Montevideo, llegándose en Octubre a un armisticio de paz.

A comienzos de 1812 se reinician las luchas con Gaspar de Vigodet como encargado del gobierno de Montevideo. En Mayo luego de otro armisticio los portugueses se retiraron de la Banda oriental, pero surge el problema de la división entre Artigas y Sarratea con lo que disminuye la participación de los orientales en la lucha.

Reinaba en España Fernando VII, quien estaba en ese entonces pasando por malos momentos con la presencia napoleónica en la península. Se pone de manifiesto su situación al tener que contratar navíos mercantes de particulares para poder transportar sus tropas a las colonias. Tal es el caso del navío mercante «Salvador», alias “El Triunfo», comandado por el Capitán José Álvarez, que zarpó con destino a Montevideo transportando al Primer Batallón de la Albuera para reforzar la plaza contra las fuerzas patriotas.

No existe documentación sobre las características del «Salvador» pero puede asumirse que se trataría de un navío de más de 40 metros de eslora y unos 7,50 metros de calado. Zarpó de Cádiz el 14 de Mayo de 1812 hallándose a bordo 518 soldados del Batallón de la Albuera, al mando del Coronel de los Reales Ejércitos Don Jerónimo Galeano, junto a un piquete de 40 dragones dirigidos por dos oficiales. El resto de la tripulación estaba integrada por 7 oficiales mayores, 3 pilotos, 10 oficiales, 66 marineros y 10 pasajeros, lo que nos da un total de 636 personas.

Se cargaron a bordo todos los pertrechos, armas, sables y pistolas para los soldados así como también gran cantidad de cañones y culebrinas con su respectiva munición, usando a éstos como lastre junto a un cargamento de barras y planchas de hierro.

Luego de 107 días de navegación el “Salvador” arribó a la boca del Río de la Plata, fondeando frente a la playa de San Rafael en Maldonado, debatiendo si ir a fondear dentro de la bahía o seguir hasta Montevideo. Allí, el buque tomó como práctico al piloto, vigía y capitán interino del puerto de Maldonado Don Antonio de Acosta y Lara.

Al amanecer del 30 de Agosto de 1812, el viento se encontraba soplando del Este y el navío se encontraba fondeado a aproximadamente 3 millas al Sureste de Punta del Este. El Capitán decidió cambiar de fondeadero, echando el ancla a 3 millas de Punta Ballena, al Sudoeste del puerto de Maldonado. El práctico le recomendó, al Comandante de la Tropa, que el viento era favorable para seguir a Montevideo pero éste decidió esperar en la bahía hasta saber sobre la situación reinante en la plaza.

El día 31 amaneció con llovizna y neblina logrando apenas verse Punta Ballena, que se encontraban a 7 millas de ésta. Grande fue la sorpresa por todo lo que había garreado durante la noche. Pasadas las 2 de la tarde el viento rotó al Sur – Suroeste lo que dio la posibilidad de navegar para fondear más adentro en la bahía, buscando el resguardo de la isla de Gorriti. El práctico midió la profundidad del lugar de fondeo, dando 5 brazas castellanas (poco más de 8 metros). La naturaleza del fondo resultó ser barro duro.

Al atardecer arreció el viento, con características de Pampero. El buque garreó y quedó más cerca de la costa que de la isla, por lo que el practico ordenó fondear una segunda ancla, pero esta maniobra fue ejecutada con suma lentitud, lo que resultó en la varada por popa del navío y, por consiguiente, su pérdida. Mientras el pampero y la marejada arreciaban el navío empezó a dar “…culadas…” en la popa, se desprendió el timón y luego se atravesó a la corriente y se tumbó sobre la banda de estribor.

Vista la situación el Capitán mandó calar los masteleros y después, al no ser esto suficiente para zafar, ordenó cortar los mástiles. El entorno empeoró cuando anocheció, porque la oscuridad complicó las tareas de usar los botes y lanchas del navío para poder ir a la costa. La situación de éstos era lamentable ya que uno de los botes fue destruido por el palo de mesana. Otro se fue a pique. El bote grande estaba dentro de la lancha sobre la cubierta y al no poder contar con los palos era imposible botarlos. Lo único que quedaba era una lanchita que estaba colgada en la popa.

Se pudo, con mucha dificultad, disparar tres cañonazos para poder llamar la atención y alertar a Maldonado de la situación. Se pensó en mandar a la costa cabos atados en maderos u objetos que flotaran pero estos estaban debajo de la cubierta y cubiertos por el agua. La única esperanza era la lanchita colgada en la popa que luego de bajarla la abordaron tres personas, el capitán y el práctico.

Apenas empezaba a amanecer, la cubierta superior se desprendió del resto del casco y éste empezó a flotar poniendo la proa al viento. Después, con un horrendo crujido se partió y se hundió, llevándose al fondo a la mayor parte de la gente a bordo. Sólo unos pocos, aferrados a los restos de la cubierta (sujeta firme por las anclas), lograron salvarse; entre ellos el comandante del batallón, el cura y varios oficiales, quienes fueron auxiliados por botes desde la costa.

Nueve días después del naufragio llegó a Maldonado el Comandante del Apostadero de Marina de Montevideo, Capitán de Navío Miguel de la Sierra, quien reportó, en su informe, que hubo 519 muertos y desaparecidos y 117 sobrevivientes, de los cuales 98 eran del Batallón de la Albuera.

Hasta el día de hoy, es la peor tragedia marítima ocurrida en el Río de la Plata.

Al Capitán de Fragata José de Obregón, del Apostadero de Montevideo, le encomendaron la tarea de recuperar todo lo que fuera posible del naufragio e investigar las causas del siniestro. De los restos del buque salieron a la playa la cubierta del alcázar y otro gran pedazo que permitió recuperar 12 fusiles, bayonetas, cartucheras y cerca de 70 uniformes. Sobre otros fragmentos se recuperaron 3 cañones de bronce y uno de hierro de 12 libras junto con 2 cañones más de 18 libras, todos estos fueron trasportados en la balandra “Candelaria”.

El 12 de Diciembre elevó su reporte final detallando todo lo recuperado y el cual finaliza indicando que el naufragio ocurrió por “…una criminal, absoluta y general ignorancia de los conductores del Salvador…”.

Luego de la pérdida de la mayoría del Batallón y casi todas las armas, surgen interrogantes sobre cuál hubiera sido la historia en la Banda Oriental si estos soldados, que eran considerados de elite en esa época, hubieran llegado a Montevideo.

Sin duda habrían influido en la batalla del Cerrito contra Rondeau, quien luego de vencer en la batalla el 31 de Diciembre de 1812 inició el segundo sitio de Montevideo. Estos 560 soldados pudieron haber enlentecido los acontecimientos si hubieran vencido en la batalla y, de esa forma, hubieran generado un revés en la política general del momento, incidiendo en el conflicto entre Artigas y Sarratea. Pero a la larga España no se encontraba en situación de mantener sus colonias.

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