NATIONAL GEOGRAPHIC Y LOS ARRECIFES DE CORAL DE LA PLATAFORMA CONTINENTAL URUGUAYA

El domingo 21 de Marzo, mientras Usted leía la Edición N° 35 de este Boletín, a bordo del ROU 23 – Maldonado partía, desde el puerto de La Paloma, una primera expedición de National Geographic destinada a explorar una zona del territorio oceánico prácticamente desconocida y que, en principio, albergaría decenas de especies fundamentales para la biodiversidad.

Alex Muñoz, director del programa “Pristine Seas” de National Geographic para América Latina y líder de la expedición conversó, previo a su partida hacia alta mar, con el diario El País señalando estar muy emocionado pues “Hace más de un año que nuestro programa no sale de expedición debido a la pandemia” y “Ahora, que pudimos asegurar todas las condiciones para el equipo y también para la tripulación, accedimos a hacer esta primera expedición al mar uruguayo” siendo el objetivo “explorar una zona específica de corales que están a 100 millas de la costa (185 km)” para lo cual se usarán “dos tipos de cámaras remotas con tecnología de punta. Las primeras son cámaras de profundidad, que fueron creadas por los laboratorios de National Geographic y que son capaces de grabar a 7.000 m de profundidad; con esas imágenes nosotros podemos saber cuál es la biodiversidad que se encuentra en el mar profundo, evaluar cuál es el estado de conservación y ver si han sido impactadas por alguna actividad humana. Las segundas son cámaras pelágicas: van en la superficie y se mueven lentamente con el mar, graban todas las especies que se cruzan a 5 m de profundidad, sean tiburones, delfines, tortugas u otros animales. Por la manera que están construidas podemos evaluar el tamaño de las especies y reconocer la importancia ecológica del lugar en el que trabajamos”.

Preguntado sobre lo que esperan encontrar indicó que hay muy poca información sobre dicha zona y que hace unos años se hizo una publicación que hablaba sobre estos arrecifes de coral… “Queremos buscarlos y veremos si es que los corales están ahí”.

En efecto en el año 2010, según informara la agencia EFE, el biólogo uruguayo Alvar Carranza, integrante de una expedición científica a bordo del buque «Miguel Oliver» – adscrito al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM) español – que cartografió un área total de 8.945 km2 y, además, obtuvo 18 muestras mediante “dragas de arrastre” y 61 muestras mediante “sacatestigos a pistón”, había indicado que “se descubrieron montañas o colinas marinas de tamaño variable con arrecifes de coral de profundidad o de aguas frías, lo cual no era conocido hasta el momento para las aguas de talud del Uruguay» y que «estos ecosistemas marinos son altamente vulnerables y están siendo objeto de atención de la comunidad científica internacional”.

Por su parte, Araceli Muñoz, jefa de campaña por parte del gobierno español, explicó que, «al generar estructuras tridimensionales», los arrecifes descubiertos «incrementan la heterogeneidad ambiental y hacen que aparezcan otros organismos asociados a ellos”. Entre ellos crustáceos, gusanos poliquetos, cefalópodos, moluscos y poríferas, que “también eran previamente desconocidos en aguas uruguayas».

A su vez, estos arrecifes coralinos representan áreas de cría, alimentación y reproducción para numerosas especies reconocidos por su alta diversidad y por ser especialmente vulnerables al daño físico ocasionado por la pesca ya que en la zona donde han sido encontrados se realizan actividades dirigidas a la pesca, por arrastre, de “Merluccius hubbsi” (merluza), “Helicolenus dactylopterus” (rouget) y “Chaceon notialis” (cangrejo rojo) cuyo efecto si bien es desconocido es – claramente – previsible.

Se trataría de arrecifes coralinos de aguas profundas formados por la especie “Lophelia pertusa” que son comunes en los márgenes continentales de los océanos y que, con sus pólipos como flores blanquecinas, llegan a medir más de 20 m de altura y varios kilómetros de ancho y viven a profundidades entre los 80 y 200 m (donde la luz desaparece); dicho hábitat es clave para miles de especies que no podrían sobrevivir sin ellos. La especie tolera un amplio rango de condiciones de salinidad y temperatura y está asociada a fuertes corrientes que mantienen material en suspensión (del cual se alimentan).

El proyecto “Pristine Seas” de National Geographic fue inaugurado en el año 2008 y de acuerdo al Dr. Enric Sala, explorador residente de National Geographic, está orientado a identificar, proteger y restaurar los últimos lugares verdaderamente salvajes del océano a través de la exploración, la investigación científica, el análisis político y económico y el compromiso de la comunidad para establecer reservas marinas y asegurar su gestión efectiva.

Es así que el proyecto Pristine Seas ha contribuido a proteger 2,2 millones de km2 de los océanos de todo el mundo realizando investigaciones de vanguardia que han revelado cómo funcionan los ecosistemas marinos e incluso han llevado al descubrimiento de nuevas especies.

Gran parte de su trabajo implica el buceo como medio para estudiar la vida en ecosistemas cercanos a la costa; de hecho, muchos de los lugares que se visita nunca han sido sometidos a una evaluación científica exhaustiva por lo que, normalmente, se recogen especímenes que son desconocidos en la región o nuevos para la ciencia. Es así que en la expedición al Ártico ruso se observó un tiburón de Groenlandia (algo inusual en una parte tan septentrional de la Tierra)

Alex Muñoz, el director del programa “Pristine Seas”, en la entrevista realizada por El País, indicó que “Queremos volver a Uruguay con nuestros buzos y científicos para hacer estudios a profundidades de 30 a 40 m en otra zona que está propuesta para crear una reserva marina. Son estudios que hacemos habitualmente con especialistas en peces y en el fondo marino y que pueden establecer con mucha precisión las especies que viven en esos lugares” y preguntado sobre el por qué es importante crear áreas marinas protegidas explicó que “Hoy el mar está en crisis en todo el mundo: la sobrepesca afecta a los dos tercios de las pesquerías alrededor del planeta y el cambio climático está acidificando el océano y volviéndolo más caliente. También, al tener menos recursos en el mar, estamos fallando en nuestra tarea de darle alimento al mundo. Las reservas marinas tienen tres beneficios principales: uno es que ayudan a proteger la biodiversidad; segundo, permiten que no se libere el CO2 que está en el fondo marino y que se libera por la pesca de arrastre; y, en tercer lugar, la reserva marina, al aumentar la abundancia de peces, dan más alimento y trabajo a las personas. Considero que Uruguay tiene una oportunidad para cambiar su relación con el mar y establecer grandes áreas marinas protegidas, lo que beneficiará directamente a la gente”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí