LAS OPINIONES E IDEAS DE LOS IDÓNEOS… Y LA CRUEL REALIDAD

A lo largo de la vida, las personas van adquiriendo, unas más que otras, distintas experiencias que constituyen el acervo de sus conocimientos, una historia personal, que suele reflejarse en el currículum vitae, necesario para evaluarla y saber si un candidato es idóneo para el cargo o el empleo.

Todos sabemos que la persona idónea es aquella que reúne una serie de fortalezas, amplios conocimientos sobre la plaza a la que aspira, experiencia profesional demostrada y manejo de situaciones complicadas, es decir, las cualidades para ejercer el cometido que la empresa necesita.

Es sabido, que hoy en día todas las empresas tratan de prepararse lo mejor que pueden para hacer frente al mundo globalizado y competitivo en que se van a mover; por ello, a la hora de contratar nuevo personal, dejan la elección a empresas especializadas en ese campo, o ellas mismas han desarrollado sus propios procedimientos selectivos, conscientes de la importancia de tener un buen equipo humano. El acierto o desacierto en la elección, puede inclinar la balanza de resultados hacia uno u otro lado.

En el mundo marítimo hay muchas personas que tienen el título de capitán, pero no todas ellas están capacitadas para gestionar un buque de pasajeros, un gasero o un superpretrolero. Lo mismo se podría aplicar a la gestión de un jefe de máquinas, así como a la del resto de los oficiales. Este mismo criterio de capacitación es el que se debiera aplicar al personal de tierra que dirige la naviera.

La idoneidad para obtener un puesto de trabajo no se adquiere por el simple hecho de poseer una cualificación determinada, sino que ésta debe estar arbolada con la experiencia, cursos de especialidad, gestión, relaciones humanas, etcétera.

Sin embargo, desde hace años la idoneidad funciona de otra manera: el mérito y la capacidad son cuestiones menores, marginales, lo que prevalece es el servilismo, el amiguismo, el pensamiento romo; en una palabra, ser el favorito/a del ama o del amo para, llegado el momento, ser el agraciado o la agraciada.

Esta forma de actuar podría ser hasta anecdótica si se realizara entre empresas particulares, el drama es que estamos hablando de políticos que han de dirigir (mandar) la Administración y la diversidad de negocios y asuntos públicos, y nombran los cargos institucionales, muchos de ellos de relevancia social e internacional.

El funcionamiento de un Ministerio se puede comparar al de un buque de pasajeros. Por un lado está la tripulación y por otro el pasaje. Los primeros son los funcionarios de carrera que permanecen siempre, independiente del Gobierno de turno y son los que manejan el día a día. Luego están los segundos, el pasaje, que son los llamados altos cargos, de éstos, los directores generales son los que en teoría deberían ser conocedores de la materia para la cual han sido nombrados. Y por encima de los directores generales está la liga de los políticos y sus asesores. Ahí, en ese campo, se sustituye el mérito y la capacidad, salvo excepciones, por los años de servicio de espera política, por las presiones existentes dentro del propio partido para colocar a los suyos, cosas así, una amalgama de intereses entrecruzados y con sombras más alargadas todavía, que nada tienen que ver con el objetivo de nombrar para el puesto a los más capaces y preparados.

Ese equipo de políticos junto con sus asesores, que cada uno de ellos arrastra en su particular mochila, gestionan una empresa llamada “Estado” y desde el inicio arrastran los vicios de la forma de actuar que vieron y sufrieron durante tantos años de paciente espera a la sombra de sus futuros padrinos.

Citamos un caso, a modo de ejemplo, porque fue muy comentado, el nombramiento de un cargo importante con connotaciones internacionales y cuya elección, por lo tanto, debería ser rigurosa y de acuerdo con la ley. Entre los aspirantes al mismo había una persona que cumplía sobradamente todos los requisitos exigibles, pero el político encargado de poner el dedo cesarista sobre el elegido dijo: “Tiene muy buen currículum, pero no es el idóneo…” y nombró a otro que cumplía mejor las condiciones espurias que le contentaban. Un nombramiento más político que profesional.

Podríamos citar muchos ejemplos de cómo los altos cargos políticos entienden la idoneidad de un candidato, sin darse cuenta del enorme perjuicio que esta forma de actuar produce a la reputación de un país.

La mayoría de los cargos técnicos – Ministerios, Comisiones o Investigadoras – no deberían ser nombrados a dedo por los políticos de turno, sino que éstos deberían ser personal calificado cuyas decisiones estarían fuera de todo sesgo político… Pero como esto, en nuestros países no sucede, vayan aquí algunos ejemplos de las opiniones e ideas de los “idóneos de turno” y lo que dicta la cruel realidad:

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”… …LA CRUEL REALIDAD

 

LA OPINIÓN O IDEA DEL “IDÓNEO”…  …LA CRUEL REALIDAD

 

¿Se necesitan más ejemplos?

Texto ligeramente modificado de:  https://www.naucher.com/el-idoneo/

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