LA ÚLTIMA ACCIÓN DEL “VILLA DEL SALTO”

El 28 de Diciembre de 1863 el General Francisco Caraballo sitió Paysandú con la vanguardia del ejército del General Venancio Flores en la, por ellos, llamada “Cruzada Libertadora” que intentaba derrocar el gobierno constitucional de Bernardo Prudencio Berro.

En esas circunstancias, zarpó de Salto el vapor de guerra “Villa del Salto”, con 400 hombres, en auxilio de la ciudad sitiada.

Después de desembarcar la tropa a una legua de Paysandú, el “Villa del Salto” fue atacado por el vapor de guerra argentino “25 de Mayo” (el gobierno de Bartolomé Mitre apoyaba a Venancio Flores), produciéndose un duelo artillero intrascendente y un frustrado intento de abordaje, el que pudo evitar, retornando a Salto sin bajas ni averías.

En Agosto de 1864 el Coronel Leandro Gómez despachó en el “Villa del Salto” al mando del Comandante Gabriel Tundury, una fuerza en defensa de Mercedes, que se encontraba asediada por el ejército de Flores.

En esos días, el Vicealmirante brasileño Joaquim Marques Lisboa, Barón de Tamandaré, tenía su escuadra con base en Montevideo, patrullando el río Uruguay con tres cañoneras. Éstas avistaron al “Villa del Salto” intimándolo a que se detuviera, pero éste practicó maniobras evasivas y no se detuvo, pese al fuego artillero de los enemigos, obligando al Comandante Tundury a refugiarse en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, territorio dominado por el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza, quien, sin estar en guerra declarada, estaba enfrentado a Mitre y a Flores.

Enterado el Coronel Leandro Gómez, dispuso que el “Villa del Salto” retomara su misión a Mercedes, con la orden escrita de “…Salvar el pabellón si en el trayecto se encontrase con patrulleras brasileras. Si es necesario morir, que se muera, pero la Bandera de la Patria, hija del glorioso pabellón español que supo batirse sostenida por sus hijos en cien combates gloriosos, no se vea manchada por la mano impura de los soldados brasileros. Que en último caso se peque fuego al buque, antes de verlo presa de los enemigos…”.

El “Villa del Salto” logró arribar a Mercedes, y pese a que la ciudad ya se había rendido, recogió parte de la guarnición de Soriano, que estaba en retirada, y la transportó a Salto después de burlar la escuadrilla brasileña al comando del Capitán Pereira Pinto.

El Vicealmirante Tamandaré, a través de Pereira Pinto, exigió a Leandro Gómez el desarme y entrega del “Villa del Salto”, extendiendo el ultimátum a todas las naves del gobierno nacional, recibiendo como respuesta que el “Villa del Salto”, pese haber sido cañoneado por la escuadrilla brasileña, seguiría armado y listo, mientras el gobierno de la República no resolviera otra cosa.

A continuación el Coronel Gómez sustituyó al Comandante Tundury por el Capitán Pedro Rivero y le ordenó que con el buque se dirigiera a Paysandú, para reforzar esa plaza con su artillería. Durante la navegación, encontró dos cañoneras brasileñas, iniciándose una persecución con intercambio artillero mayormente intrascendente por la notoria falta de puntería de los artilleros enemigos. En el transcurso del combate, apareció aguas abajo una tercera cañonera de Brasil.

Lejos de amilanarse, el Capitán Rivero ordenó rumbo de colisión con máquina adelante toda, enfocando sobre ésta el fuego de su único cañón complementado con cerradas descargas de fusilería. En la cañonera enemiga cundió el pánico y en una mala maniobra varó, en total descontrol su marinería se lanzó a las aguas abandonando las armas, lo que le permitió al “Villa del Salto” escurrirse del teatro del combate mientras las otras dos cañoneras maniobraban para evitar colidar entre ellas y recoger los hombres en el agua.

El “Villa del Salto” entró a Paysandú y reforzó la defensa de la ciudad.

Cuando ya le resultó imposible continuar con la lucha, por falta de munición y pólvora, el Capitán Rivero personalmente lo incendió, para evitar que cayera en poder del enemigo, naufragando en medio del río.

Años más tarde, en 1867, el casco del “Villa del Salto” fue reflotado y utilizado en la construcción de un nuevo buque mercante, que con el mismo nombre se incorporó a la flota de la “Nueva Compañía Salteña de Navegación a Vapor”, de don Saturnino Ribes.

 

 

 

 

 

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